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Como Prescindir del Pañal, ¿Bebes sin pañal?

En el desarrollo infantil, el momento en que el niño aprende a prescindir del pañal constituye un acontecimiento importante, tanto para él como para sus padres. Las habilidades necesarias para controlar las evacuaciones y la micción son semejantes, pero como se adquieren a diferentes edades, las discutiremos por separado. Estas habilidades son la culminación de una larga serie de logros y los padres desempeñan un papel importante al reconocer, responder entusiastamente y premiar al niño por cada avance.

El control de las evacuaciones

La lactancia materna tiene un reflejo denominado gastrocólico. Aproximadamente veinte minutos después de cada alimento, se produce una evacuación refleja. Como todos los reflejos de la primera infancia, éste disminuye gradualmente, por lo regular a los doce o quince meses de edad. La evacuación voluntaria sólo puede lograrse después de que el niño ha superado el reflejo gastrocólico.

 

Muchos padres conocen este reflejo y pretenden enseñar al niño a aprovecharlo para usar la bacinica. Todos hemos oído de niños que se sientan en la bacinica a los 6 meses de edad. Estos niños, desde luego, no han aprendido a dominarse, sino simplemente evacúan con la regularidad determinada por el reflejo gastrocólico.

 

Algunos padres han confundido la natural desaparición de este reflejo con la determinación consciente por parte del niño de 12 meses de rehusar su cooperación. Esto dista mucho de ser cierto. El niño de un año no ha alcanzado la edad suficiente para ello; antes tiene que desarrollar y madurar otras habilidades.

 

El niño tiene que aprender a percatarse de la inminencia de una evacuación: la mayoría adquiere esta sensibilidad después de cumplir un año. (Los padres a menudo reconocen el momento de la evacuación por las expresiones faciales y otras actitudes del niño.) Es ése el momento en que debe iniciarse al niño en la facultad de avisar cuándo se va a producir la evacuación, que casi siempre ocurre inconscientemente.

 

Los padres a menudo dicen “popó” o cualquier otro término cuando el niño está evacuando, y así principia la asociación entre este acto y la palabra hablada. Pero el último acto de esta compleja labor de aprendizaje no terminará hasta transcurridos uno o 2 años. Después de que ha aprendido a percibir la sensación previa a la defecación, el niño llega a percatarse de la presencia de heces fecales en el recto, antes de su expulsión. Después de esto, comienza a lograr cierto dominio muscular sobre sus evacuaciones.

 

Los recién nacidos carecen de control sobre el esfínter del ano; esta coordinación muscular se desarrolla a distintas edades. Algunos la logran a principios de su segundo año de vida y otros hasta fines del tercero. El niño excepcional que padece una enfermedad neurológica tal vez no la desarrolle hasta mucho después, o quizás nunca. El tiempo que el niño es capaz de dominar la musculatura anal para retener las heces aumenta gradualmente.

 

A mediados del segundo año, el niño quizá pueda avisar que está próxima la evacuación, pero lo más probable es que se produzca antes de que la madre pueda sentar al niño en la bacinica. Los niños no deben llevarse “de prisa y corriendo,” al baño. Cualquier actividad frenética suele asustar a algunos, quienes pueden llegar a asociar sus funciones fisiológicas normales con algo sucio y vergonzoso.

 

Desde luego en muchas familias el nivel de actividad es tan alto que las prisas pueden ser la norma. En pocas palabras, la madre debe llevarlo al baño con la misma velocidad con que desempeña sus demás actividades. Una vez que el niño comienza a avisar que es inminente su evacuación, la madre deberá establecer la costumbre de llevarlo al baño. La mayoría aprende a avisar a los 2 ó 3 años de edad.

 

La familiarización del niño con la bacinica debe realizarse en forma muy reflejada. Inicialmente, no es necesario siquiera bajarle el calzón. Es oportuna aquí la advertencia de que el primer contacto con la bacinica no debe ser a “calzón quitado”. La bacinica suele estar en el suelo, donde el aire frío tiende a concentrarse.

 

La sensación de sentarse sobre algo frío es muy molesta para cualquiera, sobre todo para un niño de 2 años. Al principio basta relacionar la bacinica con la defecación. Además se debe evitar que el niño permanezca sentado mucho tiempo; su actividad a tan corta edad no le permite permanecer sentado mucho tiempo en ningún lugar.

 

Un logro trascendental en el largo proceso del desarrollo es la habilidad para aplazar algo o retrasar un placer. Pueden necesitarse meses o años para aprender a postergar un impulso. (De hecho, esto es difícil incluso para muchos adultos.) La defecación es biológicamente una experiencia placentera; el niño aprende a retrasar este placer a fin de recibir algo igualmente agradable: la recompensa que le da su madre o su padre.

 

El niño comienza a tomar decisiones respecto a los placeres que le puede proporcionar el comportamiento social. A los 1 años se hace más sociable y aprecia el intercambio social con mamá y papá. Las sonrisas y los elogios, sin exageración, deben rodear al niño cada vez que se siente en la bacinica. Los elogios pueden ser más entusiastas cuando hay una evacuación, pero no deben escatimarse cuando los intentos son improductivos.

 

No conviene mantener el niño sentado en la bacinica y esperar que tenga una evacuación. Los niños toman tiempo para aprender y habrá muchos intentos fallidos. La insistencia sólo provocará la frustración en los padres y en el niño. Cuando él se canse de estar sentado, el tiempo de espera ha terminado.

El segundo año es un periodo de negativismo. El niño a menudo dirá “no”. Esta etapa es un hito importante en el desarrollo infantil, porque el niño o la niña está desarrollando su personalidad individual, independiente de la madre y del padre. A la larga su afán de independencia motivará al niño de 2 años y medio a 3 a dominar sus evacuaciones.

 

Sin embargo, los comienzos de esta lucha de independencia pueden convertirse en una pugna con la madre para aclarar quién tomará las decisiones sobre la defecación. No vale la pena desatar batallas por este motivo. Los premios, o la no intervención, son la clave. Cualquier castigo sólo intensificará la oposición del niño y prolongará el conflicto.

 

He aquí algunas observaciones sobre la familiarización del niño con la bacinica y el excusado. Las bacinicas colocadas en el suelo dan al niño la impresión de mayor seguridad que los asientos colocados “hasta allá arriba, sobre ese enorme excusado”. Es fácil desplazar con los pies las bacinicas; además son portátiles y fáciles de llevar de viaje, por lo que se convierten en propiedad personal del niño.

 

El control de la vejiga

En los niños el control de las micciones tiene las mismas etapas de desarrollo que el de las evacuaciones, y suele ser más tardío. Al nacer, el niño orina por reflejo al distenderse hasta cierto punto la vejiga. Con el tiempo, la vejiga llega a ser capaz de retener cantidades cada vez mayores de orina. Hacia los 18 meses de edad, los niños perciben el momento de la micción.

 

La habilidad muscular para contener la orina en la vejiga generalmente se adquiere entre los dos y medio a tres años de edad. Por lo regular, a los 2 años y medio el niño está ya bien encaminado en el aprendizaje del dominio sobre las evacuaciones y el control de la vejiga lo alcanza poco tiempo después. A muchos niños de esta edad les interesa mucho adquirir este dominio y aprenden pronto a contener la orina.

 

Ellos solos se enseñan a hacerlo, con el fin de tener más tiempo para jugar o ganarse las recompensas sociales ofrecidas por los padres. Un recurso fácil para llamar la atención de papá y mamá es pedirles ayuda para ir al baño, los padres deben esperar algunas falsas alarmas. También deben preverse accidentes ocasionales, porque a estas edades los niños se distraen fácilmente u olvidan lo que han aprendido.

 

A la edad de 3 años el ochenta y cinco por ciento de los niños ha aprendido a dominar la vejiga y a los 4 años esta proporción asciende al noventa y cinco por ciento. A menudo habrá accidentes. Con un ataque de risa, aun los niños mayores tienen accidentes hasta en la escuela. Por lo regular, los pequeños aprenden más rápidamente si tienen hermanos o hermanas mayores que les muestren la forma de proceder.

 

 

Mojar la cama

Hace falta más tiempo para que el niño deje de mojar la cama de noche. Casi el veinte por ciento de los niños de 5 años y más del diez por ciento de los de 6, todavía tienen frecuentes accidentes nocturnos. En cambio, algunos niños de 3 años, si se los lleva al baño a una hora avanzada pasan la noche sin novedad.

 

Los padres deben esperar que haya un accidente de vez en cuando, sin imponer ninguna clase de castigo. No conviene que el niño use pañales en la noche hasta que siempre amanezca completamente seco, pues los pañales no le ayudan a aprender a dominarse.  El control de la vejiga, como el de las evacuaciones, constituye la culminación de un proceso de maduración, con desarrollo sensorial, muscular, social y de aprendizaje.

 

Un competente profesional médico deberá investigar cada uno de estos aspectos. Ocasionalmente habrá necesidad de alguna medicación, pero casi nunca hace falta recurrir a la cirugía. La mayoría de los tratamientos se centrará en los aspectos sociales de la modificación de la conducta. Habrá un avance cuando el niño determine que es importante permanecer seco hasta la mañana siguiente, como cuando van de visita a casa de un amigo o de un familiar.

 

No conviene depender de un medicamento que aumente el control muscular para retener la orina, o de una alarma con la que se quiera modificar la conducta. Estos recursos desempeñan un papel muy limitado y, además, sólo son parte de un proceso terapéutico que exige la coordinación de los esfuerzos del niño, los padres y el profesional médico.

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