Bienestar y Salud

El Desarrollo del niño

Observar cómo crece el niño y su desarrollo es sólo parte de la diversión. Es todavía más emocionante el desarrollo de la coordinación muscular, y los lactantes adquieren rápidamente una gran diversidad de habilidades. Desarrollan aptitudes musculares que les dan movilidad y les permiten explorar.

 

Más tarde, adquieren aptitudes motoras sumamente finas, con las que llegan a dominar tareas complejas, como tocar instrumentos musicales. Desarrollan la capacidad de comunicar su ira, su desaliento o su amor por medio de expresiones faciales. Aprenden palabras para dar a conocer sus necesidades, que al principio son sencillas, pero su dominio del idioma avanza paulatinamente hasta que el niño aprende a servirse de las palabras para manifestar sus sentimientos.

 

Las habilidades sociales le proporcionan satisfacciones desde muy corta edad. Sus sonrisas comienzan muy precozmente, a menudo en la sala de partos. Pronto, se tornan más específicas; el lactante no tarda en reconocer a sus padres y se da cuenta del cariño que le manifiestan. Gradualmente, los niños aprenden a jugar entre sí y, poco después, a compartir sus pertenencias.

 

Por último, desarrollan la capacidad de amar. El aprendizaje es una de las más complejas habilidades; parte desde la memoria básica primitiva hasta las abstracciones, el sentido moral y la creatividad. El desarrollo de las habilidades progresa más en forma ordenada que fortuita. Las investigaciones pediátricas y psicológicas se han concentrado en este proceso lo que ha sido útil para establecer el orden en que los padres deben esperar los adelantos, así como los límites de lo “normal”.

 

Los intentos de establecer una correlación entre la edad en que el niño logra algo y sus capacidades futuras, no han tenido mayor éxito. Esta serie de acontecimientos es, de hecho, una estructuración lógica de habilidades cada vez más complicadas. Se puede observar, como ejemplo, la serie de actos necesarios para que el niño aprenda a usar un lápiz.

 

El primer paso de la serie es un acto reflejo. Se recordará que el recién nacido conserva los puños cerrados la mayor parte del tiempo en sus primeros meses de vida. Todos los niños tienen el llamado reflejo de asimiento. Toman y sujetan cualquier objeto que se les coloque en la palma de la mano, por ejemplo un dedo o un lápiz.

 

Los médicos a veces prueban la fuerza del recién nacido dejándolo que les tome ambos dedos índices y levantándolo de la mesa. El niño exhibe admirablemente su fuerza, pero este uso de la mano es elemental: el neonato no ejerce ningún dominio consciente sobre el reflejo y asirá cualquier cosa que le roce la palma.

 

A medida que madura el sistema nervioso, se va superando el reflejo de asimiento, por lo general hacia los 3 meses de edad. El niño ya está listo para usar sus manos de otra manera. A los 4 meses aproximadamente ya mantiene las manos extendidas y puede sujetar los objetos que se le coloquen entre ellas. Aunque su agudeza visual es satisfactoria, su coordinación muscular no ha avanzado lo suficiente para que el niño intente alcanzar y tomar un objeto.

 

A los 5 meses los niños mejoran las habilidades para coger un objeto. Comienzan los movimientos denominados de “rastrillo”; el niño se aproxima a los objetos con toda la mano. A los 9 meses, aproximadamente, logra dominar los movimientos del pulgar y el dedo índice, pudiendo unirlos para levantar cosas menudas. Pronto puede recoger y examinar cosas tan pequeñas como pasas, monedas y píldoras, y finalmente llevárselas a la boca, el máximo instrumento exploratorio del lactante.

 

La capacidad para utilizar de este modo el pulgar y el índice es un rasgo netamente humano; por desgracia, esta habilidad expone al niño a los peligros de introducirse un sinnúmero de pequeños objetos en la nariz, la boca y los oídos. En esta etapa, el niño ya es capaz de soltar voluntariamente los objetos. La habilidad de lanzar las cosas como proyectiles -o sea de arrojar alimentos al suelo- comienza después de que el niño ha cumplido un año.

 

Pasada esta edad, el niño progresa rápidamente. Las manos que apenas unos meses antes aprendieron a soltar juguetes voluntariamente, ahora dominan movimientos tan finos como el de colocar un dado sobre otro. A los 2 años de edad, el constructor puede crear una torre de 6 pisos (o dados).

 

Como cualquier ingeniero complacido ante su obra, el niño siente la necesidad de registrar sus proezas y comienza a desarrollar su habilidad de dibujante. Al principio el niño sujeta sus colores de cera en el puño, pero antes de cumplir los 3 años comienza a sostenerlos como un adulto. Los lápices son un poco más difíciles de sujetar, pero el niño también pronto logra dominar esta habilidad.

 

Finalmente, el aprendiz ávido de adquirir nuevas habilidades requiere de la ayuda del maestro artesano. El niño no puede desarrollar sus aptitudes artísticas sin papel y pinceles. Necesita las materias primas para practicar. También le hacen falta las palabras de aliento. Los niños son seres sociales; una sonrisa o una frase amable le hacen saber que sus progresos merecen la aprobación de sus padres.

 

Esta serie de avances es ilustrativa de la mayoría de los demás componentes del desarrollo de cada niño, por ejemplo aprender a caminar.

  • Primero es preciso que el niño supere los reflejos involuntarios para que pueda ejercer un verdadero dominio sobre sus movimientos.
  • Segundo, existe una progresión lógica; los movimientos elementales siempre preceden a los más evolucionados.
  • Tercero, el desarrollo de una habilidad requiere de la coordinación de varios sentidos. Por ejemplo, el niño depende de la vista, la percepción de profundidad y el equilibrio para construir una torre de dados.
  • Cuarto, una habilidad sólo se puede desarrollar cuando el sistema nervioso ha alcanzado la madurez suficiente. La construcción de una torre de dados es imposible para el niño de seis meses, pese a lo mucho que se le haya expuesto a los dados.

 

El desarrollo del niño es único. Incluso los mellizos idénticos, educados del mismo modo, se desarrollan diversamente y por último cada uno hace algo distinto de su vida. Todos los niños son muy diferentes y demuestran gustos individuales, incluso en la música, desde muy temprana edad.

 

El bebe recién nacido, lo mismo que sus padres, es importante en la determinación del ambiente familiar. Desde la infancia el niño aprende a manipular a sus padres. Pronto sabe que con sus balbuceos logra, como por arte de magia, la aparición de sus padres. En ocasiones, la madre o el padre dejan que los sustituya un osito de peluche cuando el niño llora o balbucea, en vez de otorgarle su compañía.

 

También los padres pueden tranquilizar al niño a distancia con palabras, cuando están muy ocupados. El niño rápidamente decide si estas respuestas le son suficientes. Durante cierto tiempo pueden serlo, pero después el juego comienza de nuevo, a medida que el niño descubre otra manera de llamar la atención. Los niños más tranquilos pueden servirse de sonrisas o miradas, y no de la voz, para manifestar sus demandas. En breve, el niño es un activo participante en la creación de su propio ambiente.

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